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En el principio creó Dios los cielos y la tierra, después creó el tango, los tanguistas y la milonga. En qué orden; no lo sé, pero ahí estabas tú. Ya dormitabas el sueño de los ilusos soñadores y cíclopes poetas que sólo ven con el ojo del amor. No fue una playa hermosa, ni en una fiesta de quince, ni en una discoteca donde te conocí. Fue en un verdadero arrabal a la luz de una vela y unos carbones ardientes con olor al pan de tu tierra. No pensé que te amaría con la fuerza que aun te amo. No pensé jamás ni lo imaginé que dormiría noches y noches enteras con la esperanza de una cura para el mal que me aqueja. Cómo pedirte que me esperes, o que no me ames, o que no me olvides? Cómo correr a tu encuentro en mi estepa rosada donde se colocan cita los poetas?. Cómo decirte que tengo una cita tempranera o tardía con la dama segadora?. Cómo cortar tu vida si apenas ayer comenzaste a vivirla?. La magnificencia divina y el amor verdadero evitó el caos en tu cuerpo y la tristeza en tu alma. Amarnos hubiese sido eterno y efluvísimo, alegre y triste, vida y muerte. Hermoso para mí es ahora el saber que tú te quedas con la vida y yo marcho incólume hacia la hermosa muerte. Hermoso para mí es ahora el saber que amarás como me amaste y tendrás tus hijos con aquel que te ame y te comprenda tal como yo lo hice contigo y tú benévolamente lo hiciste conmigo. Imaginé aquellos gemelos, una hermosa y traviesa niña como tú y un desaforado y loco niño como yo. Bien conoces que un hijo es lo único que le falta a mi vida. Tú le faltabas; y te tuve. Creí jamás volver a amar a una mujer y sentí la necesidad de hacerlo, pero sólo contigo. El amor dibujó una ola sobre tu voluptuoso cuerpo en la cual anhelé ir montado como un surfista enamorado. Muchas veces vi lo triste de la desolada luna sobre tu níveo rostro atormentado por lo poco correspondido que fue tu amor. Cuantas veces tus lágrimas perforaron como magma mi sentir, mi alma y mi cuerpo, cuando llorando aceptabas el amarme tal como yo era, como soy, como seguiré siendo. Realmente conocí mucho más del amor a tu lado, que en toda mi vida al lado de los amores superfluos y banales, lujuriosos y ebrios, amorfos y asexuados. No pude elegir jamás entre lo bueno y lo malo, pues las cosas nos son otorgadas(?), pero si puedo discernir entre lo bueno y lo malo, el amor, el aprecio y la amistad. Supe que me amaste desde el primer momento, conocí bien que tus pupilas estaban completamente inundadas de mí. Allí no hubo lugar jamás para nadie más; desde que Dios nos cruzó en el mismo camino. Fui aurora y crepúsculo diario en el reloj de tu desespero. Inundé de lluvia tu árido cielo que se hallaba así por tu seca soledad. Iluminé con sol perezoso y tempranero tu despertar anhelante de tangos, milongas y besos furtivos. Fue un tanto arcano nuestro amor, pero con sublime sentimiento. Fueron momentos difíciles para ti;... lo sé muy bien; pero los pocos momentos hermosos, aún para mí, bastaron para sanar cualquier dolor. Sé muy bien que jamás podré olvidarte; y si pudiese sanar mi herida mortal y hostigante, desesperanzadora y triste, melancólica... pero letalmente romántica, te pediría que no te marcharas de mi lado, que me esperases pacientemente como esperaste casi siempre las seis y treinta o siete en la noche para correr a verme a Eros, mi negocio vacío y triste. Te pediría que le diésemos a Dios, a los hombres y a nuestro destino, la oportunidad de hallar una cura a mi dolor y mi mal,... pero,... como pedirte que no vivas, que no gastes honesta y justamente tus años?. Cómo cambiar un sentimiento o cómo pensar si lo que pienso y siento es verdad?. Me hubiese gustado que no marchases con la resignación que lo hiciste, pues el amor no es resignación. El amor es lucha, sacrificio y sobre todo dolor. Allí donde no hay dolor, no hay lugar para el amor. Pero también allí radica en parte un tanto tu inocencia y la velocidad por vivir que otorga la juventud; y de la cual me siento feliz; pues dedicaste un trocito a mi ex-lánguida y marchita vida. Fuiste llovizna que refrescó mi desértica boca, dulce llovizna que en tenues gotas recorrió mi cansado y enfermo cuerpo; otorgándome cual bálsamo revitalizador; la vida que en aquellos momentos tanto necesité. Hoy no estás conmigo, pero vives en mí. Muchísimas cosas me recuerdan tu vida y lo mejor de todo es que en aquella música que tanto amo, en aquella que tú tanto amas, vivirás por siempre en mi recuerdo y en mi alma. No es mi amor tan frágil ni tan espinoso, como los ramos de rosas que siempre acariciaron tus manos, horadaron con sus espinas tu corazón e irrigaron con el rocío, aún pendido de sus pétalos, tu mustio y enfermo amor, un tanto frustrado y cohibido por causa de mi mortal enfermedad. Mi amor será eterno, lo portaré en el fondo de mi alma y en cada poro de mi cuerpo, hasta que la misma vida me lo arrebate de mi carne y de mi espíritu. Jamás morirá. Horadará la tierra junto con mi sangre; y allí; fertilizará nuestros amados cipreses, nuestros helechos y nuestros rosales. Y si por caso, mi sangre se evaporase mixturada con el doliente aire de nuestra esperanza, allí mismo, en el etéreo se mezclará dulcemente con nuestros cantos, nuestros versos y nuestra eterna tonada. La tonada de nuestros corazones, latiendo al ritmo del desespero y el dolor, por no poder tenernos en eterno. Mi amor: Eres la milonga jamás bailada y el mejor tango jamás escrito. Con todo mi amor: Tu príncipe sin principado.
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