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 Asunto: Carta nº 241
NotaPublicado: 25 Ene 2012, 23:07 

Registrado: 04 Nov 2011, 21:27
Mensajes: 7
Chica de los ojos turquesa:
Sé que soy un cobarde al escribirte esto, al no tener la suficiente valentía para decírtelo en persona. Pero es que sé que si intentara hablarte mirándote a la cara, el color de tus preciosos iris me dejaría sin palabras.
Quiero que sepas que yo no creía en el amor, nunca he creído en él. De pequeño decía “Yo de mayor no voy a tener novia”, y me daban repelús los besos que veía en la televisión. El amor era de color rosa, cursi. Veía a los adolescentes con esa sonrisa tonta siempre presente, oía las conversaciones entre parejas que se alargaban con los “cuelga tú” y pensé que yo nunca llegaría a ese punto. Supongo que es algo que no se elige, que llega sin avisar, que se va extendiendo por tu cuerpo como una mancha de aceite en un papel de periódico. Que nadie se libra.
El amor me parecía una invención, algo muy lejano a mí. Pero de pronto apareciste tú y me hiciste cambiar de idea. Fue como un flechazo, algo increíble. Fue como si el mundo se paralizara por segundos, como si repentinamente todo girase en torno a ti. Como si fueses la única persona en el planeta. Como si una bomba atómica explotara en mi interior. Como si la gravedad dejase de existir. Fue lo más extraño y maravilloso que me ha pasado.
En aquel momento, cuando te vi en medio del pasillo con tu bufanda roja alrededor del cuello, aproximándote a mí con tu sutil forma de caminar, hablando con esa suave y delicada voz, fue cuando supe que estaba perdidamente enamorado. Y que daría cualquier cosa por tenerte a mi lado.
Desde entonces, aunque no te hayas dado cuenta, te observo al salir con tus amigas del instituto, invento poesías y me pongo a cantar sin ningún motivo. Me desconcentro, cualquier bobería me recuerda a ti. Me imagino mil y una historias sobre tú y yo, historias que espero convertir en realidad algún día. Desde entonces tengo una razón para ir a clase, aunque no sepa resolver las ecuaciones, aunque no me entere de lo que es un ribosoma, aunque lo que diga el profesor de francés me suene a chino. A pesar de todo eso, tu simple y llana presencia me tranquiliza, me mantiene en una nube, me ayuda a levantarme de la cama con otra actitud.
¿Sabes? Podría pasarme horas analizando cada tono de tus ojos, observando todas y cada una de las ondas de tu pelo rubio, descubriendo nuevos gestos en tu bonito rostro. Creo que jamás me cansaría de ti.
Por eso me estoy declarando. Porque puede que no sea un príncipe azul. Puede que no haya nacido para ser modelo, o futbolista, o científico. Que tenga los ojos marrones y aburridos como los de cualquier persona, que no mida un metro ochenta, ni tenga la piel bronceada, o músculos en cada centímetro del cuerpo. Puede que los números no sean lo mío, que no distinga una mediatriz de una bisectriz, o el violeta del púrpura. Puede que sea diferente al resto de chicos, y que me aleje mucho del “modelo perfecto”.
Pero yo te ofrecería cosas que ellos no serían capaces de darte. Yo te acompañaría a clases de yoga, aunque estuviese rodeado de ancianas, o a comprar. Dejaría que te tomases tu tiempo para comprar. Yo te sacaría al cine todos los fines de semana, al monte, a la playa, al teatro, incluso al fin del mundo si me lo pides tú. Yo te llevaría el desayuno a la cama cada mañana, te despertaría con una frase alegre y optimista, te robaría una sonrisa los trescientos sesenta y cinco días del año. Yo haría del lunes tu día de la semana favorito. Te regalaría libros, aprendería a cocinar contigo. Sería sincero y te diría la verdad aunque eso te doliese. Confiaría plenamente en ti y sobre todo, no te haría daño en ningún momento.
Necesito saber quién eres en realidad, tu nombre, si prefieres los gatos a los perros, el verano al invierno, el dulce a lo salado o la luna al sol. Si eres de las que ve la botella medio llena o la ve medio vacía. Si sabes cantar, o si puedes leer un libro y escuchar una canción que conoces al mismo tiempo. Eres un universo por descubrir. Hay tantas cosas que aún no sé de ti, tantas cosas que me gustaría saber. Me muero de ganas por hablar contigo, por conocerte un poco más.
Siento no haber hecho esto como lo mereces. No es una canción de amor con una letra directa, ni un poema como los de Bécquer, no es una cita en París. Supongo que mis palabras no han logrado enamorarte, ni conseguirían que te bajaras de un tren por mí. Pero son sinceras.
Te aseguro que lo que yo siento es verdadero, es profundo. Te aseguro que es imposible que nadie te quiera como yo. Que si decides elegirme a mí, si decides sólo dirigirme la palabra una vez, sería la persona más afortunada del sistema solar. Por favor, dame una oportunidad. Prometo no defraudarte.
Piénsalo. Puedes encontrarme a la salida del instituto, junto al viejo roble. Estaré allí cada día. Esperándote pacientemente.
Con todo mi amor,
el chico que no sabe ni tu nombre.


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