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TE GANÉ EN EL RÍO.
Soy guerrero y laurel de tu memoria, mujer querida, No puedes olvidarme, fui hechizo nebuloso de tu calma, Fui amante nocturno y en las arcas del triunfo te di vida, Y como esbelto mancebo con leche sagrada te llené el alma.
En relámpagos triunfales y fuego volcánico sembré tu mundo, Y en el viento de las rocas, con claras lágrimas bañé tu canto. Fui amante misterioso que te dejó agonizante en el sueño profundo, En torrentes oscuros, henchido de vida te quise tanto.
Hoy reclamo fatigado en tu cuerpo lo que fue mío, Con rastro de huellas dejé tu llanura de sangre y alegrías. Como loco de angustia ser dueño de tu cuerpo y alma confío, Será mío tu risa loca, tu canto rodado y tu propia vida.
En el rostro pálido y el tintero maldito, mis venas fueron puras, Sangré como trueno en tus locas sombras y encontré el tesoro, Me volví el loco de los abismos y cabalgué en el aposento de tus aventuras. Aunque de penas sombrías y en pozos de desdicha aúllo como lobo.
En la sed de rus ojos y en sueños de espuma escribí este poema, Bañado de lluvia y abnegado de bruma te arrancaría heridas. Pero en el fuego volcánico tu cuerpo ardiendo mi corazón se quema. Aunque atravieses el cielo mis melancólicas pupilas te siguen el día.
Zambulléndome en tus misterios el hacerte mía me costó proezas. Arrancar astillas de tu árbol frondoso fue mi delirio. En cariños de fuego, en besos de arañas logré grandezas. En semillas abruptas lanzadoras de aire, te gané en el río.
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