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Volver los ojos al pasado, revivir lo ya vivido, experimentar lo que no es más; todo eso haría bien a un espirítu exhausto en el presente y temeroso delante del futuro. Revivir un amor, aquellos que pasan y jamás son olvidados. Amor! Esa palabra que hace eco por las cavernas del tiempo, abrasando la memoria, y suscitando anhelo. Esa misma palabra que adorna el futuro con tiernas impresiones es la palabra que embeleza el pasado. El estremecer de cada toque puede aún permanecer él mismo sobre las cenizas del ayer. El amor es el calor del sol retenido por las aguas del mar, es un bien inagotable cuyos efectos jamás abandonan el cuerpo que lo experimentó, es un tesoro valioso que la memoria encierra para siempre. En su cama, en el silencio de la noche y bajo un frío intenso, el amante aún se acuerda de todo; revive cada segundo como si fuera la eternidad. Es que la voluntad de se unir a otro ser, de hacer de él una parte de su esencia, permanece. No importa lo que sueña el ser amado, no importa el hielo de su cama o la aridez de sus pensamientos; la noche incita al amor, la noche es misteriosa y el amor, igualmente misterioso, a ella se alía. Allá afuera, el viento frío se mueve por el espacio, al paso que un viento caliente se mueve en nuestra alma… es incontrolable, vehemente, pasa por el corazón, seca la garganta, se posa en el cerebelo. Es el viento del amor que resiste a la ola del adiós y, sin cuidado, corre en dirección a su fuente de vida, con el vigor de un adulto y la ingenuidad de un niño. Amor! Y el ser adorado, indeciso y temeroso aguarda una palabra y, ocultando el menor gesto, silencia. Es que en ciertos momentos las palabras no son nada. Después, escapando de aquél que lo procura, encerrase en su mundo dejando, en los bazos del otro, un lamento, una lágrima, un vacío. El amanecer espléndido se contrasta con la penumbra que reina dentro de nosotros; es la penumbra del presente, el deseo no satisfecho del hoy. En la tenue lágrima del amor se reflota un tenue rayo de sol. Pero al amor, callado como la luz de la mañana, resta el recuerdo de un tiempo que jamás le será sacado. Mientras el sol le levanta el amor aún pulsa entre recuerdos y faltas, esperanzas frágiles y silencios, con expresiones de buenos momentos momificados por el pasado… con un aura de nunca más.
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