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Mi querida Andrea: Si algo siento en el mundo es carecer de la genialidad de los grandes poetas para expresarte, magistralmente, los sentimientos nuevos que surgen en mí cada vez que apareces en mi mente. Y como lo haces constantemente, todas las palabras dichas o escritas no serían suficientes, pues continuamente necesitaría renovarlas en una nueva composición de amor. Que te amo, ya lo sabes. Que mi vida sin tu presencia no tiene sentido, es obvio. Que no concibo no envejecer a tu lado, es un hecho. Pero no es suficiente. Estas frases, tantas veces repetidas, y que no son mías, ni definen exactamente cómo me siento ni creo que puedan hacerte comprender la importancia que tienes para mí. ¿Cómo poder darte las gracias, sólo con palabras, por estos años tan maravillosos en los que me has acompañado? Lo siento, cariño. Mi amor hacia ti tiene la fuerza de un huracán devastador y soy incapaz de describirlo. Espero que me perdones, ya que no es mi culpa si carezco de dones. Me tendré que conformar con las típicas palabras tan manidas: eres mi vida. Sólo le pido a Dios una cosa, permanecer a tu lado, porque no concibo el mañana careciendo de lo más valioso de la vida, que no es el dinero ni tan siquiera el aire, sino esa personita que le da razón a mi existencia, la reina de mis sueños, la mujer más tierna, dulce, comprensible y bella que no tiene parangón entre las virtudes o hermosuras que han hecho estrago entre los hombres por poseerlas como nos cuentan miles de historias de leyendas. Te juro con el alma, que no ha podido haber otra existencia más maravillosa que la mía y, que si mil veces naciese, sería con la condición de repetir esta vida, aquí, allí o en la China, porque, de lo contrario, sin ti, igual me da vagar en espíritu sin morada mil millones de siglos que visitar las cárceles del infierno. Sin ti, mi amor, no hay vida. Me has hecho y me sigues haciendo el hombre más feliz del mundo. Y jamás en la vida he sentido el que no hayamos podido tener hijos, créelo, porque tu sola presencia es suficiente para llenar todos los vacíos. Y te escribo estas líneas hoy, el día que cumples cincuenta años, para que sepas que sigues teniendo rendido a tus pies a este enamorado. ¡Guapa!. Junto a la carta acompaño un regalo. Espero que sea de tu agrado.
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