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| Autor: | Concurso [ 26 Ene 2012, 22:56 ] |
| Asunto: | Carta nº 253 |
Mi amor: Sólo te escribo para que, antes de juzgarlo todo, me entiendas, o al menos sepas lo que has supuesto y aún hoy supones para mí. Te quiero describir cada escalofrío, cada lágrima y cada sonrisa que as producido en mí. Cédeme el placer de confesarme. Los dos lo necesitamos tantísimo… El último día fue… no sé, tan significativo, tan lleno de todo en un nada. Jamás me habían dicho tanto sin hablarme… nunca me he sentido tan llena sin apenas aire… Más que nunca el frio escarchado y punzante invadía mi respiración acelerada y arrasaba como una fría ola, sin compasión, mi estremecido cuerpo, más que nunca. Más que nunca me dolía hasta el correr de la sangre; más que nunca temblaba, frágil toda; los parpados, me pesaban más que nunca…, aún no levantaba la mirada, no podía, no quería mirarte y caerme de lleno en tus ojos sin fondo y someterme a ellos sumisa, como cada vez que te aguanto la mirada, muerta de miedo. Me entró impotencia, necesitaba llorar, pero ni eso podía ya, no tenía fuerzas… Con esfuerzo, y un profundo suspiro helado, conseguí subir la mirada hasta posarla con cuidado en tus temblorosos labios, los apretabas levemente como si fueses a decir algo, pero seguía reinando el silencio, no aguanté, no pude, me hice débil ante ti, el miedo me subía, me recorría y se detenía entre mis pulmones, agolpándose todo, impidiéndome respirar. Seguí subiendo la mirada hasta tus preciosos ojos infinitos, me enamoran y me enamoraran siempre que los mire, ojalá mi vida, no los vea nunca más. Buscaba en ellos las respuestas que, con palabras, era imposible que me dieras. Necesitaba tu abrazo para poder romper a llorar, para reaccionar, para apartarme de tus brazos, para hacerme sentir participe y no una simple espectadora de ese momento frente a ti. Me sentía algo diminuto flotando ante la inmensidad de tu mirada, sola y totalmente vulnerable ante ti. Me quede parada ahogada en tus ojos, en tus profundos ojos marrones, brillantes, intensos, disfrutando, de alguna manera, cada emoción, cada uno de tus sutiles parpadeos llenos de falsa ternura. Cada respiro, cada efímero gesto, cada escalofrío que me producía el estar frente a ti era mi única forma de decirte: te quiero, te quiero como a nadie he querido, te quiero y me duele, te quiero tanto que pudiendo escapar de tu tortura no lo hago, te quiero como no se debe querer a nadie. El tiempo pasaba rápido y yo no lo veía, pero no quise hacer nada para acortarlo, no quería llenar con palabras vacías el silencio que todo lo dice, que es el único que se hace escuchar. Estoy ya desbordada, la respiración se acentúa cada momento y en cada momento siento más miedo, miedo a ti, como siempre, pero sobretodo, miedo a que fuese la oportunidad de mi vida de salir de ahí corriendo, sin mirar atrás. Buscaba desesperadamente una vida en la que no aparecieses tú. Miedo de quedarme, miedo de callarme, miedo de seguir siendo dominada por ti y por el miedo, dictador. Te quiero, de la manera más inhumana, pero te quiero… Te quiero, pero es algo tan platónico…; como si no quisiera llegar a ti; como si prefiriese que no me quisieses; como si necesitara sufrirte; como si solo pudiese disfrutar mirándote a lo lejos, sabiendo que no te alcanzaría ni aunque lo desease con todo el alma, sabiendo que no me ves, sabiendo que estoy protegida de ti, de tu forma de tratar a todas las mujeres, imaginándote como un buen chico, alguien corriente con sentimientos sanos. Es extraño que, dentro de mi simpleza de niña, buscase esa complejidad tuya, tan dañina, y creo que ese es el motivo de peso que me ahogó hasta el fondo de ti. Desde ese momento comprendí que la vida era vivir y, tonta de mi, pensé que tú, lleno de dramatismo, plagado de manías, de defectos, alguien tan impulsivo me convertiría a mí en una mujer de novela. Me he equivocado en tantas cosas… Me equivoqué al pensar que te cambiaría. Me equivoqué pensando que yo era una mujer valiente aguantando, sin quejarme, sin delatarte. También me equivoqué pensando que, alguien vendría, me miraría a la cara, y me diría: Lo sé, no sufras más. Pero mis señales pasaban desapercibidas, como bien dice Lorca, “paseando mi cadáver de amor iluminado”, mis ojos se deshacían en lágrimas que caían dibujando tú cara, y nadie lo veía. ¿Cómo querías, mi vida, que abordase una situación que nunca pensé que permitiría? ¿Cómo quieres, amor, que acepte callada y con aire alegre una relación que me amarga y me destruye lenta y dolorosamente sin que nadie, absolutamente nadie, lo vea? ¿Cómo puedes pretender que te guarde eterna devoción si tú, mi amado y malvado amor, sólo me entregas decepciones y angustias? ¿Cómo puede ser que tu egoísmo abuse de mi tonto amor? Puede ser que mis ojos de enamorada asomasen indiscretos, sin antifaces por tu ventana. Puede que sea tanto culpa tuya como culpa mía. Puede que te sirviese en bandeja de plata, por cortesía, un amor que se reserva a la persona con quien pasarás el resto de los días y de las noches hasta que llegue el fin. Este adiós, estoy segura, me duele más a mí que a ti, eso as de tenerlo claro. Yo te quiero como nadie más te va a querer, un amor sincero, un amor regalado y puro, un amor sin estrenar pero cultivado con esmero desde el día en el que vi tus ojos, un amor tal sincero e infantil, un amor que nunca podre volver a tener, ahora ya está desgastado, esquelético. Y ahora lo que de verdad temo con locura es que venga el hombre de mi vida y no poder regalarle todo el amor que te he regalado a ti. Soy demasiado joven para haber agotado mi amor en ti, en ti que no te mereces ni una triste lágrima amarga. Los dos sabemos que seguir como hasta ahora es un error, que, siendo jóvenes como somos, no nos hacemos ningún favor siguiendo juntos. Lo triste es que tú sí que estés a gusto, lo triste es que tu egoísmo te ciegue tanto que no sepas apreciar mi dolor, lo triste esque, seguramente no le des a penas importancia. Y ahora, cara a cara aquí los dos, me siento tan confusa, tan perdida, tan sola y tan insegura que no sé ni dónde mirar, todo me recuerda a ti, todo cuenta nuestra trágica historia. Te he permitido lo que no he permitido a nadie, te he perdonado y te he querido como nadie lo ha hecho. Estoy tan cansada de dártelo todo, y recibir de ti la parte más miserable que se cae por el camino. Me duele que, la gente que quiero, se rían con tus chistes, escuchen tus historias, te den la mano y no descifren mi cara, deseosa de que alguien descubra como eres, alguien con fuerza que me aparte de ti. Cuántas veces he mentido a mis amigos, a mis padres por protegerte a ti, cuántas veces he necesitado apoyo, más que respirar y no podía decir nada, cuántas veces me he echado el dolor a la espalda y he seguido caminando dos pasos detrás de ti, a tu sombra, donde no crece la hierba porque el sol no alcanza. Siempre tuya. |
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