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 Asunto: Carta nº 246
NotaPublicado: 26 Ene 2012, 22:52 

Registrado: 04 Nov 2011, 21:27
Mensajes: 7
En ese momento, que estoy contigo en el parque y no sabes qué decirme. Y tú me dices: no sé cómo decírtelo, y yo contesto: pues no sé. En ese momento es cuando debería decirte que te quiero, pero no me atrevo y solo se me ocurre decir: vamos a dar una vuelta, e imagino, en ese instante, cómo sería ir de la mano contigo. Pero en vez de eso hablamos, pero nada de amor, solo amigos, y pienso todas las noches en cómo hubiera sido si te hubiera dicho que.... que te quiero, que te necesito.
Entonces vuelvo atrás, y recuerdo que volví de vacaciones y nos presentaron. Me enamoré sin darme cuenta, y esa noche me dijeron que te gustaba e intentaba todo lo posible para quedarme contigo a solas, y lo conseguí, quedarme contigo, solos en el parque, tres noches y luego me veo ese día que no sé qué decirte, y me dices: mañana antes de irme bajo a la piscina a despedirme de vosotros.
Al día siguiente me quedo dormida y una amiga mía me dice que has estado en la piscina pero que ya te has marchado. Yo me voy llorando. Pasan semanas y cada tarde voy a tu casa para ver si has venido. Pero tú no estás, y la próxima vez que te vea será el verano que viene. Desde ese momento, todas las noches me duermo pensando en ti, porque si no, no consigo coger el sueño. Y me imagino a mí y a ti de la mano, paseando, como si estuviéramos juntos. Pero todo eso es un sueño, y no la realidad. Entonces pasa el tiempo, llega el invierno y me voy a mi pueblo a celebrar la Navidad. Yo voy a dar un paseo y de repente veo bajar a alguien de una cuesta, no le distingo bien por la niebla, pero ahí estás tú. Entonces voy corriendo, te abrazo y tú me respondes con una caricia. Nos sentamos en el banco a hablar de nuestras cosas y de repente nos callamos como la última vez que estuvimos juntos, pero esta vez fue distinta. Tú me dijiste que me querías, que todo este tiempo has estado pensando en mí. Entonces yo te digo que no puedo vivir así, que te necesito. Nos levantamos y tú me abrazas, yo hago un breve recelo pero al final nuestros cuerpos se juntan, te miro a los ojos y cada vez te abrazo más fuerte hasta que llega el momento en el que tú me besas y me dices lo mucho que me quieres. Me dices que te tienes que ir, pero me propones salir después.
Cuando nos volvimos a ver, nos abrazamos más fuerte que antes. Nos sentamos a hablar y sin darnos cuenta pasaron las horas. Nos contamos que cuando nos vimos nos enamoramos, que teníamos ganas de decirnos que nos queríamos pero que no nos atrevíamos por miedo, que nos necesitábamos. Yo te cuento que cuando te fuiste no dejé de soñar cómo sería nuestro reencuentro, que fui a tu casa, que te buscaba todo el tiempo, que mi mayor entretenimiento era pensar en ti. Entonces tú me sonreíste y me contaste que cuando bajaste a la piscina y viste que no estaba, te entristeciste, pero no lloraste porque, si no, sabías que me iba a poner triste. Yo te abracé, te susurré al oído que te amaba y que en el día de hoy ya nada importaba. Me levanté corriendo y bajé la cuesta, me paré solo un segundo y pensé en lo que había sucedido en ese momento. Oía los pasos de los niños jugando y a la vez unos pasos que sonaban más cerca. De repente una mano se juntó con la mía, me di la vuelta y te veo, estabas detrás, siguiéndome. No quiero que me dejes, me dijiste al oído. Yo tampoco quiero dejarte, te contesté yo. Te quiero, dijimos los dos a la vez.
Pero algo pasó, te vi desaparecer. Abrí los ojos, y me veo en la cama, tumbada y pienso que no es posible que todo haya sido un sueño. Miro el calendario y ni siquiera ha sido Navidad todavía, y me duermo pensando en ese momento, en que lo quiero vivir y me digo a mí misma que quiero dejar de soñar por un tiempo… Pero salgo a la calle y oigo una voz que dice: por fin, pensé que nunca saldrías. Tu madre me ha dicho que ya estabas preparada. Y yo pienso: eras tú, tú estabas ahí, entonces no era un sueño. Ya, es que estaba muy cansada por lo de ayer, dije. Me lo imagino, yo estoy igual, respondiste tú levantándote. Entonces te me acercaste, me sonreíste y me hiciste una leve caricia en el pelo. Yo sonreí y me marché contigo de la mano, paseando, como lo imaginé. Ese era mi sueño. Después de un rato te digo que me tengo que ir y tú me dices: no importa, siempre nos quedará esto. Y en ese momento me besas, y veo cómo te alejas, me dices adiós, ya sin que mis ojos te divisen y te mando una sonrisa. Me quedo en medio de la nada, paralizada, recordando las palabras que me dijiste: no importa, siempre nos quedará esto…


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