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 Asunto: Carta nº 366
NotaPublicado: 29 Ene 2012, 14:45 

Registrado: 04 Nov 2011, 21:27
Mensajes: 7
Me despierta el primer rayo de luz de la mañana. Perezosa, me levanto y al mirar displicente la hoja del calendario descubro que hoy es el día de los enamorados. Pienso que todos los días deberían ser de los enamorados porque no hay cosa mejor en la vida que amar a alguien. Un corazón sin amor es como una rosa marchita, un vegetal ausente de emociones.
Mi pensamiento ha volado hacia ti, añorando aún tu ausencia, y me pregunto inútilmente: ¿Volverás algún día? Sólo el silencio de la habitación me responde. Te fuiste hace tanto tiempo que ya incluso empiezo a duda si existió aquel cálido sentimiento que en un ayer nos unió, tiempo feliz del que tan sólo me quedan los recuerdos.
Y de repente, al evocarte hoy con más intensidad, siento el impulso de escribirte esta carta con la vana ilusión de que tú tampoco hayas olvidado aquellos besos nuestros que marcaron mi vida para siempre.
Lejos en el tiempo y la distancia, podría muy bien resumir nuestra historia de amor, perdida en el olvido, en cuatro besos. Besos que aún siento candentes en mis labios. Que ni siquiera el paso de los años han conseguido borrar de mi memoria. Cada beso tuvo un matiz, un sentimiento distinto, pero todos, uno a uno, dejaron una huella indeleble en mi corazón.
¿Recuerdas, amor?
Apenas siendo niños, ya presentía que tú serías para mí. Te veía pasar por mi lado, travieso, sin mirarme, sin darte cuenta de mi existencia, de que al mirarte yo a hurtadillas un intenso rubor cubría mi cara de niña. Y así, día tras día, me sucedía lo mismo cada vez que nos cruzábamos en aquel viejo sendero, sembrado de margaritas y amapolas, camino de la escuela. Y una alegre mañana de sol, al verte aparecer, de pronto mi corazón empezó a latir tan fuertemente que hasta el tuyo podría escuchar sus latidos. Tú pasaste veloz y vergonzoso por mi lado y esa vez, fugazmente, en mi cara dejaste ruboroso un tierno y cándido beso. Beso robado que encendió aún más mis mejillas haciéndome soñar con un futuro de cuentos vivido junto a ti.
¿Recuerdas, amor? Fue el primer beso de tus labios.
Pasados unos años, dejada atrás mi tierna niñez, salí de aquel mundo de cuentos para convertirme en una adolescente plena de ilusiones, pletórica de sueños, flotando en nebulosas de colores, mirando cómo todo sonreía alrededor. Era mi despertar a la vida semejante a una crisálida que eclosiona y se convierte en mariposa ansiosa de volar.
Y una tarde florida en primavera, al verte de nuevo después de mucho tiempo, sentí que aquel antiguo amor de niños, tierno y lleno de ingenuidad, se convirtió de pronto en un vivo sentimiento de adolescentes. Tú me miraste ilusionado y en ese instante, al unísono, en ti también brotó aquella nueva sensación aún desconocida para nosotros. Te acercaste a mí y sin palabras se hablaron las miradas. Luego, tomaste mis manos entre las tuyas y al confesarme tu amor por vez primera, nos dimos aquel beso sonrojados pero llenos de ilusión.
¿Recuerdas, amor? Fue el segundo beso de tus labios.
Crecimos en la vida y creció con ella nuestro amor. Distinto por completo de aquel sentimiento, aún con cierto grado de ingenuidad, de adolescentes. Ahora se había convertido en una viva pasión de plena madurez. Vivíamos el uno para el otro, ajenos a todo y a todos. Lo único que nos importaba era sentir intensamente nuestro amor sumidos en aquella vorágine pasional que envolvía nuestras vidas.
Y aquella noche plena de luceros, mientras cantaba a nuestro alrededor la vida, me besaste como nunca lo habías hecho con un beso ardiente y prolongado, mientras con voz emocionada prometías que nuestro amor sería eterno, para siempre.
¿Recuerdas, amor? Fue el tercer beso de tus labios.
El tiempo, la vida y tu inconstancia, fueron apagando poco a poco tu pasión. Dejaste tras de ti olvidados aquellos besos de nuestra niñez, tiernos e ingenuos. Los besos de nuestra adolescencia, incipientes de una futura pasión. Los ardientes besos de nuestra juventud… Y finalmente… te olvidaste de mí.
Y al morir aquella madrugada fría, el beso traicionero que me diste, el que mi corazón nunca hubiera querido recibir, fue tu despedida amarga. Fue tu adiós.
¿Recuerdas, amor? Y fue el último beso entre tú y yo.
En un lugar cualquiera, a catorce de febrero, día de los enamorados.


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