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SUEÑO DE GATOS
Muchos oirán mi voz dormida, en las casas, en las calles, en la montaña porque la tengo encerrada en la cama, para no entorpecer el rumor de la palabra.
¡A dormir! – grito al viento, es como un suicidio consciente y pleno, sólo quiero arroparme y soñar contigo pero es desidia, no me oyes.
Toda la noche pasada, revolviéndome, los ojos despegados van viendo la media luna, cuánto anhelo de subir por una escala y darle un beso en la noche fría.
Esa luna; ¿por qué será blanca la luna? Es plomiza o es rojiza, preciso es tomar una coloración mas, si miras mucho tiempo, negra se te vuelve, negra.
Te siento entre los lienzos de mi cama y tu voz martilleante me dice que espere, espero toda una vida, diez lágrimas como cárcavas en mis ojos.
Quiero soñar despierto junto a ti, coger los cocos y la flauta, dar conciertos al vapor del tren, camino de la planicie o de un museo.
Sólo andar contigo; te escribiré. Además pasear por la hierba, te susurraré. Te acariciaría una mejilla a la sombra, a la luz de todos repetiré: te amo, te amo.
Analizar esas viejas piedras del Alcázar, atravesar de la mano el Arco del Horno Quemado, besarnos al sol cuando toca en la tapia de Las Juanas, y abrazarnos a cada paso por la calle de Santiago.
¡Cómo pesa la nostalgia en soledad! Una tonelada de vino me bebería, pero mi cuerpo lo pide caliente, como en los festivales al libre aire.
¡Qué puñales! ¡Qué canciones! Lo siento, es la noche y el crepúsculo, me asaltan las pesadillas que, no se por qué ese nombrecillo...
Cuando recupero el aliento seco, me aterra la verdad de la almohada, me apresuro entonces a desnudarme para salir en cueros a la ventana.
¿Dónde estás, dichosa? Vacía tus bolsillos, por ventura, los tienes llenos de pañuelos envenenados; rojos de la lengua ensangrentada, por el agua, por los dientes y un pliego de aroma penitente.
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