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A lo largo de la vida, podemos fracasar en el plano sentimental, cambiar de pareja, o elegir incluso la soledad, pero si hemos sabido crear una familia espiritual, el cariño nunca escaseará.
Los viejos amigos, son una memoria viva de nuestras experiencias en el teatro de la existencia. Ellos, nos han visto fracasar, luchar, aprender...son un espejo que nos muestran de donde venimos y donde estamos. No es fácil encontrar amigos que celebren éxitos ajenos, son más abundantes, los que están dispuestos a escuchar nuestras desgracias. Por esa razón, para encontrar personas de gran calidad humana, hay que hacer una larga criba, rodearse de malos compañeros de viaje, facilita que no lleguemos a sitio alguno.
Debemos distinguir las amistades nutritivas para el alma, de las tóxicas, eso es imprescindible para constituir un entorno que nos de protección y nos ayude a crecer como persona.
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