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La melodía de nuestro amor (que el céfiro creó)
La certeza de sus ojos llegó en ondas tan sonoras que tumbaron el espacio en mi rostro y en las horas.
La respuesta de la despedida, el encuentro de tu ida, el porvenir entristecido y el sostén de la caída.
Estas son las congojas que se me mecen en tres notas, suspendidas: en su origen su melodía en el céfiro, pacífica, brinda el aliento tibio de la cercana armonía. Luego si se alborota por certeza o misterio nos parece un sacrilegio o destinado sortilegio pero no es más que presentes que vuelven, acumulados, y surgen en descontentos. Su andar, en el amor, nos agita, desequilibrados.
Nuestra canción enamorada así como fue cantada en teclas de la alegría que el viento inspiró; el ayer, la brisa, así como la trajo desde el sur, como un tajo hoy se la llevará.
Desde el norte su aire escandaloso me desorbita y quita mi sonrisa obligándome a olvidar.
Derríteme en tu lago, origen, y ayúdame a curar con amor el amar.
(Amar, resplandeciente es la alegría que alguna vez surgió. Amar, el viento ahora por ti llorará. Amar, recuerdo el sueño y nuestra pasión: amo y desearía curar esta devoción.)
El viento sigue su camino y como céfiro que refrescó nuestros rostros al amanecer ahora, en los recuerdos se esparcirá, friolento. Sólo quedará ceder al anochecer…
Amar sin ser amado es como mojar al viento, atraparlo con las manos o poseer un lucero. Inútil, imposible, como angustia inacabable: es deseo incompatible.
Como céfiros tan melodiosos que nacieron para mí así se van otras corrientes que prometen ya no surgir y aunque un hueco dejarán en la magnífica reminiscencia algún amor lo llenará. Quizás algún día volveré a ser, completa.
En la alegría que alguna vez cuando me amaste, recibí espero un día surgir vestida de blanco.
Y si hay esperanza alguna de un dichoso porvenir te aseguro yo que manantiales devuelta brillarán, los valles palpitarán, el sol sonreirá, huracanes se agitarán y el viento silbará: la naturaleza por que estemos juntos clamará en todo su afán.
Y el viento nos tomará de las manos, nos unirá en la verdad, hará de mi sueño una sublime realidad. Hará del amor un sentimiento mutuo.
Así el aire, tornasolado, a una canción se unirá y el piano enamorado nuevamente sonará.
Solange Ramos
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