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Soy un milagro de Dios
La ciudad estaba demasiado fría más de lo habitual; la temperatura oscilaba entre los 5 grados centígrados. Empecé a sentir dolores en la parte baja de la cintura y gran parte de la espalda, imagine que todas esas horas que permanecía sentada en el computador y el fuerte frío de Bogota, me estaban pasando la factura... Entonces pensé tomarme unos días de descanso, resolví viajar con mis hijos, mi nuera y mi nieto a Ciudad de Panamá buscando un poco de alivio, entre el calor y el romanticismo de las playas de ese mar, así fue. Unos tragos, observando el anochecer, y el golpear de las olas al pasar, que me arrullaban sin cesar, me dieron un inmenso alivio. el dolor había desaparecido completamente, tanto que me atreví a correr descalza por esa arena blanca Jugando con el viento, buscando los lamentos de aquellos pescadores, que se fueron con las manos vacías, sin el sustento y el pan de cada día.
El día de nuestro regreso, fue bastante agitado, en la mañana salimos de compras y para las horas de la tarde estaba programado nuestro viaje. Llegamos sin novedad, todo dentro de lo normal, algo cansados por el día tan agitado que tuvimos que pasar, pero... Al llegar a casa, me esperaba una noticia que partiría completamente mi corazón. Tenia los días contados mi suegra, esa bella mujer que durante 36 años, fue mi segunda madre. Esa que siempre me vio como una mas de sus hija, que cuando me veía, una sonrisa iluminaba su bello rostro, siempre acompañado de una sola palabra, siempre la misma. ¡Elianitaaaaaa¡. Fueron días terribles para mi, entre el dolor del alma y el dolor del cuerpo sólo quería morir, no quería verla sufrir, Pero Dios de nosotros se compadeció y grandemente se glorifico, se fue quedando dormidita, mientras el señor se la fue llevando, rodeada de todo ese amor, que en sus últimos momentos le pudimos ofrendar.
Pasaron los días y el dolor persista, no me quedaba otra alternativa, que ir a visitar al medico, a los que tanto, tanto les temía. ¿Y porque les temía? porque en mi vida existía un inmenso temor, una gran fobia al cáncer, llamada carcinofobia, porque para mí la palabra cáncer, era sinónimo de muerte, sinónimo de dolor. Pague un medico particular, al igual que las radiografías y una resonancia magnética, ya que las citas en el hospital militar, al que yo pertenecía estaban totalmente copadas y era mucho el tiempo que tenia que esperar y realmente no lo ameritaba, quería salir de ese mal, cuanto antes mejor seria. Me tomé todos los exámenes que me pedían, al parecer según el diagnostico medico, era problema de posición, tal como yo lo suponía, tantas horas sentada al frente del computador, habían hecho su obra... Salieron los resultados y los exámenes de mi lado desaparecieron, solo pude saber que aparecía en columna una fractura. No me había golpeado. ¿Quién sabe porque sería? Siguieron miles de exámenes, que yo no comprendía, si sólo era una fractura, que muy pronto sanaría, sólo era cuestión que el tiempo curaría. Lo importante de todo esto es que cáncer no aparecía. Yo me daba por bien servida.
Estando en el hospital, en una de mis frecuentes citas, citas de rutina, era todo lo que sabia. Yo veía que la gente que estaba a mi lado iba y venia, miradas aquí, miradas allá Y otros simplemente se retiraban, yo sabia que algo pasaba, mi corazón me lo decía. Se acercaron mis hijos estando en cafetería, y al oído me dijeron, salgamos tenemos algo que comunicarte. Mi hija se retiró, mi hijo se me acercó en sus ojitos habían lagrimas de dolor, me dijo quedamente con la voz, casi partida, esa fractura que tu tienes es el cáncer al que tanto le temías, es un cáncer en la sangre, el que se llama Mieloma, tienes que hospitalizarte, para que empieces ese tratamiento que tienen que darte, pero no pienses en ti, piensa en tu nieto, tu hija y en mi, que tanto te necesitamos. De pronto el miedo que yo sentí, de mi desapareció yo tenia que luchar por esos hijos, que mi vida tanto apetecían y al señor me dediqué, a pedirle con fervor, que me diera esa fuerza y ese valor, que mi tratamiento requería. Ángeles iban y venían, en médicos y enfermeras se convertían y yo cada día, quería luchar más por mi vida. De pronto ¡Oh!, el milagro de mi vida. El cáncer desapareció y al miedo se lo llevo. Y di mi último paso Un trasplante de medula ósea, para que ese cáncer nunca volviera y aquí me tienen con ustedes. Con un nuevo nacimiento, con una nueva mujer, que tiene mucho que agradecer por este milagro de Amor, que el señor me regalo… ¡Yo soy un Milagro de Dios…! Y todavía algunos no creen en Dios? Si su respuesta es afirmativa ¿Entonces que paso con mi vida?
Eliana1103188758004
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